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El próximo jueves 13, a las 16hs, se realizará la colocación de dos placas conmemorativas en la casa donde vivió Mario Boratto, ícono de la lucha obrera, y hoy funciona la Asociación Cultural Jardín del Unicornio.

Para diciembre de 1918 la familia Boratto vivía en pasaje Barcala 3063 del barrio de San Cristóbal, justo enfrente de la fábrica metalúrgica Pedro Vasena e Hijos Ltda –hoy convertida en Plaza Martín Fierro del Gobierno de la Ciudad. En esa misma casa donde Mario y Juana enseñaron a sus hijas a defenderse, la Asociación Cultural Jardín del Unicornio, el primer club cannábico de Argentina, que actualmente la habita, visibiliza y reivindica todas las luchas por las libertades.

Este sitio construido alrededor de 1870, supo ser testigo de una de las grandes luchas obreras de la historia argentina, encabezada por Mario Boratto y su compañero y amigo Juan Zapetini que integraban la Comisión de Huelga demandaban un pliego de condiciones básico: jornada laboral de 8 horas, aumento de salarios, horas extras normales al 50% y los domingos al 100%, abolición del trabajo a destajo, y que no se tomen represarías. Reclamo que terminaría en una semana de represión por parte de las fuerzas policiales, incluido el Ejército Argentino. La Prensa Obrera reportaría más de cien muertos, todos obreros.

El mismo hogar que supo albergar a esta familia icónica con conciencia de clase y lucha obrera, cien años después hospeda a la Asociación Cultural Jardín del Unicornio, una entidad emblemática en la comunidad cannábica, por ser el primer cultivo cannábico colectivo para personas adultas usuarias de cannabis que se sustenta en forma grupal, sin fines de lucro y en un ámbito privado. Sus impulsores Nermi Zappia y Julían Peré, quienes contrajeron matrimonio, con sus cultivos como testigos, tuvieron que luchar para en 2012 obtener un fallo histórico de sobreseimiento por la tenencia de 52 plantas, acusados de infracción a la ley 23737. El juez interpretó que no resultaba prueba suficiente para descartar que la finalidad del cultivo sea el propio consumo.

Hoy el club cannábico, sostenido por sus socios y socias, se autoabastece sustancia pura, de calidad, de origen conocido y lo hace en un circuito seguro, evitando entrar en contacto con el mercado ilegal y con las redes del narcotráfico. Pero sobre todo reivindicando la libertad, la soberanía y despertando el fervor por continuar luchando por alcanzar más derechos como lo hicieron Boratto y los obreros que participaron de la Semana Trágica ante la persecución estatal.

Mario Boratto y la Semana Trágica

“Yo era brava. Papá siempre me decía: ´A vos, cuando te dicen que te van a pegar, no esperes más: pegales ahí nomás´” contó María Clorinda Boratto, hija de Mario, a Horacio Silva autor de Días rojos verano negro. Boratto no era un hombre dócil, ese respeto que inculcaba a sus hijas en 1919 jugó un importante papel en su conducta al frente de los dos mil obreros de la casa Vasena.

Todo comenzó el 2 de diciembre de 1918, con el primer paro por tiempo indeterminado exigiendo la aceptación del pliego de condiciones presentado. Era un contexto, donde la “República Radical”, gobernada por Hipólito Yrigoyen (1916) prometía poner fin a la oligarquía de la “Generación del 80”, para darle lugar a los sectores populares criollos y a los hijos de inmigrantes que aspiraban a integrarse a la sociedad.

Pero a pesar de haber sido electo por la Ley Sáenz Peña, Yrigoyen no logró purificar al régimen conservador y aceptó todo el andamiaje institucional que le había legado el conservadorismo: gobiernos provinciales, parlamento, justicia, fuerzas de seguridad y sobre todo las relaciones entre empresario y políticos. Como fue el caso del Leopoldo Melo, militante radical cercano a Yrigoyen y a su vez asesor legal de la familia Vasena.

Melo fue dos veces senador por Entre Ríos, presidente provisional de Senado en representación del radicalismo e integró el grupo fundador de la Liga Patriótica Argentina, grupo parapolicial de ultraderecha organizados por las asociaciones patronales, que junto con la Asociación del Trabajo, reprimieron a los obreros en todas las huelgas suscitadas.

El derrame de sangre obrera se daría el 7 de enero 1919 tres días después, luego de la muerte del cabo de policía Vicente Chaves, la represión policial sacudió el barrio de Nueva Pompeya. La huelga de la casa Vasena impulsada por Boratto se extendía a un paro nacional de todos los gremios. Así comenzó la Semana Trágica durante la cual el proletariado de Buenos Aires llegó a controlar las calles por un día y medio, hasta la llegada del Ejército Argentino. Lo que comenzaba como una escalada de violencia patronal se convirtió en una encrucijada de represión y muerte obrera que no reclamaban mas que derechos laborales.

La lucha de Boratto y Zapetini continuó hasta llegar a una reunión oficial en casa de Gobierno con el ministro de Interior Ramón Gómez, el senador y representante de la casa Vasena, Leopoldo Melo, Alfredo Vasena y el presidente interino del Departamento Nacional del Trabajo, Alejandro Unsain. Finalmente Vasena aceptó el pliego completo de ese momento. Pero la lucha de Boratto continuó incansablemente por otros reclamos posteriores a la Semana Trágica.

Boratto, fue sobornado, dos veces detenido y acusado de homicidio, pero nada detuvo su lucha. Sin trabajo y formando una nueva familia emigró en 1930 a Santa Rosa, La Pampa, donde se asoció a la Cooperativa Popular de Electricidad, Obras y Servicios Públicos de los vecinos de Santa Rosa para romper el monopolio de la norteamericana compañía Sudam. A causa de un infarto falleció a los 88 años.

“A Boratto le gustaban las plantas, y cuidaba con esmero su jardín, mantenía la cerca de ligustrina muy bien podada, y tenía limoneros, duraznos, y nísperos”, refirió María Clorinda Boratto, hija de Mario, a Horacio Silva autor de Días rojos verano negro.

Luis Castro Palma

Periodista - Estudiante de Ciencia Política (UNLaM). Historias de vida - Trama política.

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