Una investigación desarrollada en Puerto Madryn y publicada internacionalmente validó la viabilidad de producir cannabis medicinal a cielo abierto utilizando agua municipal tratada.
El proyecto refleja el aporte de Whale Leaf Farm a la investigación aplicada y vuelve a poner en agenda una deuda pendiente: a casi dos años de la sanción de la ley provincial de cannabis, Chubut todavía espera su reglamentación.
La producción de cannabis medicinal en la Patagonia sumó un antecedente científico de relevancia internacional. Un estudio realizado en Puerto Madryn demostró la viabilidad de cultivar Cannabis sativa L. a cielo abierto utilizando agua municipal de reúso, una alternativa de especial interés para regiones áridas y semiáridas donde el agua dulce es un recurso estratégico.
La investigación fue publicada en 2026 en Journal of Cannabis Research bajo el título “Feasibility of medicinal cannabis cultivation in outdoor conditions using municipal reclaimed water”. El trabajo evaluó rendimiento productivo, perfiles de cannabinoides, características del suelo y del agua y seguridad química y microbiológica.
Whale Leaf Farm: del conocimiento productivo al proyecto científico
La participación de Whale Leaf Farm (WLF) fue una pieza central de la articulación que hizo posible llevar esta experiencia al ámbito científico. La empresa promovió la vinculación con CCT CONICET-CENPAT para estudiar experimentalmente una práctica productiva que se apoya en una experiencia mucho más extensa desarrollada en Puerto Madryn: el aprovechamiento agrícola del agua de reúso en un territorio donde la disponibilidad de agua dulce impone límites concretos al desarrollo productivo.
Según la información institucional de WLF, sus accionistas acumulan alrededor de dos décadas de experiencia en Puerto Madryn trabajando con sistemas productivos irrigados con agua de reúso y estuvieron entre los pioneros locales en desarrollar este modelo. Ese conocimiento productivo fue puesto al servicio del proyecto de cannabis para que pudiera ser estudiado, medido y validado con metodología científica.
La publicación científica reconoce expresamente que Whale Leaf Farm proporcionó los insumos requeridos para el estudio, que la investigación formó parte de un convenio de servicios tecnológicos entre CONICET y WLF y que el trabajo contó con el apoyo de ambas instituciones.
Para la compañía, el valor del proyecto no estuvo solamente en producir cannabis, sino en transformar experiencia productiva en investigación aplicada: acercar un problema y una oportunidad concreta al sistema científico, aportar recursos y trabajar conjuntamente para generar conocimiento verificable y transferible.
Producir cannabis donde el agua dulce es un recurso crítico
Puerto Madryn presenta una condición particular. El trabajo científico señala que el agua potable proviene del río Chubut, ubicado aproximadamente a 60 kilómetros de la ciudad, y describe que el uso de agua potable para riego agrícola a escala productiva resulta técnica, ecológica y económicamente inviable en esas condiciones.
El aprovechamiento del agua municipal tratada ofrece entonces una doble oportunidad: habilitar actividades agrícolas que de otro modo tendrían fuertes restricciones hídricas y, al mismo tiempo, reducir la descarga de efluentes tratados hacia el área costera próxima a la Península Valdés.
La pregunta que WLF y los investigadores buscaron responder fue concreta: ¿es posible trasladar este modelo sustentable al cannabis medicinal manteniendo rendimiento, calidad y seguridad?
Los resultados: rendimiento, cannabinoides y ahorro de insumos
El ensayo evaluó tres cultivares de cannabis —Conicet, Mariquita y Pachamama— bajo condiciones outdoor. El rendimiento promedio alcanzó 267,77 gramos de flores secas por planta. Pachamama obtuvo el mayor rendimiento, con 421,2 gramos por planta; Mariquita alcanzó aproximadamente 213 gramos y Conicet, 169 gramos.
Los perfiles característicos de cannabinoides de las variedades se conservaron bajo las condiciones experimentales. Además, el agua tratada aportó nutrientes suficientes durante todo el ciclo productivo sin necesidad de fertilización suplementaria, un resultado con impacto potencial tanto ambiental como económico.
En términos productivos, esto plantea una posibilidad particularmente atractiva para la Patagonia: aprovechar un recurso disponible localmente como fuente hídrica y de nutrientes para desarrollar un cultivo de alto valor agregado.
Flores y aceites: qué mostró el análisis de seguridad
Uno de los puntos centrales del estudio fue determinar si el uso de agua de reúso podía trasladar contaminación microbiológica al producto. Los análisis no detectaron E. coli ni coliformes totales en las flores secas ni en los aceites medicinales obtenidos.
También se estudiaron metales. En las flores se observó una concentración de plomo ligeramente superior al límite de referencia utilizado por los autores para productos inhalables.
El trabajo señala que el plomo no fue detectado en el agua de riego y vincula el hallazgo potencialmente con el suelo y con la conocida capacidad del cannabis para acumular metales, por lo que remarca la necesidad de controlar sustratos y materias primas.
En los aceites medicinales, en cambio, los elementos tóxicos analizados estuvieron por debajo de los umbrales regulatorios considerados y, para varios de ellos, por debajo del límite de cuantificación del método. Los resultados respaldan la utilización de las flores obtenidas en el sistema estudiado para la elaboración de aceite medicinal, siempre bajo controles adecuados.
Una experiencia patagónica con proyección internacional
Los investigadores concluyeron que, con manejo agronómico adecuado, control microbiológico, almacenamiento del agua y monitoreo de contaminantes, el agua municipal de reúso puede representar un recurso viable para el cultivo de cannabis medicinal en regiones áridas y semiáridas.
La publicación internacional convierte así una experiencia realizada en Puerto Madryn en conocimiento científico disponible para otros territorios que enfrentan problemas similares de escasez hídrica.
Chubut tiene la ciencia y la experiencia; falta completar el marco regulatorio
El avance científico contrasta, sin embargo, con la velocidad del proceso regulatorio provincial. El próximo 26 de septiembre se cumplen dos años de la sanción de la ley de cannabis de Chubut y la norma todavía no cuenta con la reglamentación necesaria para desplegar plenamente su potencial.
La demora no es solamente una cuestión administrativa. Cada ciclo productivo que se posterga implica oportunidades que la provincia deja pasar: inversiones privadas, contratación y capacitación de trabajadores, incorporación de tecnología, investigación y desarrollo, servicios profesionales, articulación con universidades y organismos científicos, generación de materia prima trazable y la posibilidad de construir una cadena de valor con identidad patagónica.
También existe una cuestión de competitividad. La industria del cannabis medicinal se encuentra en construcción y las jurisdicciones que logren ofrecer reglas claras, previsibilidad y procedimientos operativos serán las que tengan mayores posibilidades de atraer proyectos, capital y conocimiento. Chubut ya dispone de capacidades científicas, experiencia productiva, condiciones ambientales particulares y empresas dispuestas a invertir. La falta de reglamentación corre el riesgo de convertir esa ventaja inicial en tiempo perdido.
El caso de Whale Leaf Farm y CONICET-CENPAT muestra que en la provincia ya existe capacidad para desarrollar proyectos que combinan ciencia, producción, sustentabilidad e innovación. Lo que falta es que el marco normativo acompañe esa realidad y permita que experiencias piloto exitosas puedan transformarse en actividad económica sostenida y escalable.
De una prueba piloto en Puerto Madryn a una oportunidad para toda la provincia
La imagen del predio resume buena parte de esta historia. En el cartel instalado frente al cultivo aparecen juntos CONICET-CENPAT, Whale Leaf Farm y Vinculación Tecnológica bajo una definición concreta: “Convenio de prueba piloto de cultivo de cannabis outdoors con agua de reúso”. Años después, aquella experiencia se convirtió en evidencia científica publicada.
Para WLF, el resultado muestra cuál puede ser el rol del sector privado dentro del ecosistema argentino del cannabis: no limitarse a producir, sino identificar oportunidades, aportar experiencia y recursos, vincularse con el sistema científico y transformar conocimiento productivo en innovación aplicada.
Para Chubut, en cambio, deja planteada una pregunta más amplia: si la provincia ya tiene empresas dispuestas a invertir, investigadores capaces de generar conocimiento de nivel internacional y experiencias que demuestran que es posible producir de manera innovadora en condiciones patagónicas, ¿cuánto desarrollo puede seguir postergándose por no completar la reglamentación?
A dos años de la sanción de la ley, la oportunidad sigue abierta. Pero en una industria que avanza rápidamente, el tiempo también forma parte de la competitividad.
Con información de Whale Leaf Farm – CONICET.
